domingo, 20 de julio de 2014

INTERFERENCIAS EN EL APRENDIZAJE DESARROLLADOR




Es importante para nosotros los docentes especialistas que prestamos nuestros servicios en la República Bolivariana de Venezuela, en la cual se viene dando un cambio en la modalidad de Educación Especial, desde el año 2011; comprender lo que se entiende por “Interferencias en el aprendizaje desarrollador”, denominación esta, que vendría a sustituir al término “Dificultades de aprendizaje” utilizado en el país durante largos años,  como una de las áreas de atención de la modalidad, plasmada en el primer documento de Conceptualización y Política de la Modalidad de Educación Especial (1976), en concordancia con las denominaciones utilizadas en el resto del mundo.
Los cambios planteados por la transformación, son inminentes en nuestras escuelas, en las cuales los docentes especialistas en Dificultades de Aprendizaje, egresados de las Universidades venezolanas, de carreras vigentes y autorizadas por el Ministerio de Educación Universitaria y la Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU), aún hoy no tienen clara su misión y sus funciones dentro de la actual propuesta, que más que propuesta es un hecho fehaciente.
Conviene destacar como bien señala Aramayo (2013), que dicha transformación se ha difundido fundamentalmente a través de Internet, el desconocimiento de la misma por parte de los entes del Estado y por las universidades formadoras, de formadores, es un aspecto que la ha hecho controvertida. Sobre todo dado su carácter inconsulto a los actores involucrados y la desestimación del rol de las universidades (formadoras de docentes especialistas) para un proyecto de tal envergadura.
El cambio drástico de denominación, del término Dificultades de Aprendizaje, al término Interferencias en el Aprendizaje Desarrollador, requiere ser analizado para su comprensión. Conviene entonces preguntarse ¿qué se entiende por aprendizaje desarrollador? Según lo expuesto en la página web Ecured: conocimiento con todos y para todos, el aprendizaje desarrollador se define como: “aquel que garantiza en el individuo la apropiación activa y creadora de la cultura, propiciando el desarrollo de su autoperfeccionamiento constante, de su autonomía y autodeterminación, en íntima conexión con los necesarios procesos de socialización, compromiso y responsabilidad social” (ECURED, sf) señala la fuente además, que es un término acuñado por eminentes pedagogos, especialmente pedagogos cubanos, término con el cual según lo planteado por los autores es posible trascender un modelo tradicional de enseñanza centrado en el docente, por uno en que el rol del estudiante es más activo y protagónico sobre su propio aprendizaje.
Padrón, Cruz y Viscaino (2011) argumentan que a partir del triunfo de la revolución cubana, se realiza una serie de reformas educativas que tienen como eje central la concepción del aprendizaje desde un enfoque integral de la persona.
La concepción de Aprendizaje Desarrollador que se asume es la derivada de la puesta en práctica de los postulados del enfoque histórico cultural en la realidad cubana de los últimos años, en los niveles primario y secundario (Padrón et ál., 2011).
Más adelante, los autores en referencia explican lo que se entiende por aprendizaje desarrollador:
El aprendizaje no se limita a momentos específicos de la vida, independientemente que en cada momento del desarrollo están presentes logros y adquisiciones típicas que distinguen la situación social del desarrollo, como se ha apuntado en otro momento. El ser humano es un aprendiz permanente y el aprendizaje puede ser incidental o dirigido, de forma implícita o explícita y en todos los contextos en que se vive. Ese carácter procesal, sistémico y continuo del aprendizaje que se evidencia como una cadena, donde cada momento es un eslabón imprescindible, permite comprender la responsabilidad que encierra el aprendizaje, que es eminentemente dirigido, así como la dimensión que adquiere ese mediador u “otro” potenciador que es el profesor , dentro de ese aprendizaje (Padrón et ál., 2011).
Hasta este momento, quienes por vocación y profesión ejercemos la docencia no deberíamos encontrar contradicciones en esta visión del aprendizaje, muy por el contrario, de hecho el sistema educativo venezolano se basa en la Constitución de la República, en la cual se explicita que la educación es un proceso integral que tiene como finalidad el desarrollo de la personalidad del educando; en la Ley Orgánica de Educación (LOE, 2009), en su art. 4 se plantea la educación como un derecho humano y deber social, cuya finalidad es el desarrollo y potencial de cada ser humano tomando en cuenta su contexto histórico y cultural.
En los distintos documentos de Conceptualización y Política de la Educación Especial en Venezuela, emanadas de la Dirección de Educación Especial (DEE) se hace mención a la concepción de la educación como proceso para el desarrollo integral de la persona. En el año 1976 se plasmó: “deberán anteponerse los fines formativos que conduzcan al sujeto a conquistar una personalidad autónoma y socialmente integrada” (Ministerio de Educación., p.5). Los fines de la modalidad eran los mismos plasmados en la LOE para la educación general, es decir, el desarrollo pleno del individuo.
Los principios filosóficos sobre los que se fundó la modalidad fueron y hasta la fecha son: la modernización (prevención e intervención temprana), normalización e integración. Con estos principios se rescataba el valor de la persona como sujeto de derecho, la importancia de destacar sus potencialidades, más que sus debilidades y de garantizar que estos pudieran desarrollarse dentro del sistema educativo en igualdad de oportunidades.
En la conceptualización de 1989, se amplía la concepción del educando: “como un ser integral en el que se conjuga lo biológico, psicológico y lo social en un equilibrio dinámico; es decir, el ser, es una unidad biopsicosocial…” (Ministerio de Educación., p. 6), quien constituye el centro del proceso formativo. Para el desarrollo de la atención educativa se apoyaba en los aportes de la psicología genética y del enfoque ecológico, destacando el papel fundamental de la familia y la comunidad.
En la conceptualización de 1997, se definen las áreas de atención de la modalidad y la forma en que estás se operacionalizan. En el caso de las Dificultades de Aprendizaje (DA), se asume para la atención educativa el enfoque psicopedagógico propuesto desde 1989, con una variante, no se enfoca solamente en cuestiones académicas, sino además, “en otros elementos inherentes al desarrollo de la personalidad del educando, fundamentalmente, la autoestima, la cooperación grupal así como la participación de los padres en el proceso de atención educativa y en otros aspectos del entorno escolar” (Ministerio de Educación, 1997, pg. 7).
Así mismo, en el citado documento se plantea la concepción del aprendizaje “desde una perspectiva interdisciplinaria, con una visión integral y dinámica de la formación de la personalidad del educando, en interacción con su entorno socio cultural” (DEE., 1997, p.8). Para operacionalizar este enfoque se delimitaron tres líneas de acción: a) cooperación interdisciplinaria con el maestro de aula regular; b) atención a pequeños grupos y c) proyección a la comunidad.
En la conceptualización de 1997 se definen las DA como interferencias o bloqueos en el proceso de aprendizaje, ocasionados por factores internos o externos al educando (socio económicos, culturales o instrumentales). Es decir, las DA, se circunscriben a la situación escolar, a los aprendizajes escolares. La inteligencia de estos estudiantes es normal y no se asocia con déficit sensoriales. Entre las manifestaciones pudieran encontrarse además conductas dispersas o disruptivas.
Para la atención del educando con DA, en el año 1997 se plantea un enfoque de atención psico-socio-pedagógico, holístico y humanístico que toma en cuenta todos los factores que pudieran intervenir en la aparición de DA: docente, educando, familia, ambiente, entorno escolar, metodologías, contenidos programáticos, en fin todos los elementos que pudieran en un momento dado ocasionar dificultades para la apropiación de los conocimientos por parte de los estudiantes.
Todo lo expuesto hasta ahora, constituye la base para plantear una serie de interrogantes fundamentales frente al proceso de transformación propuesto o mejor dicho implantado por la actual directiva de la Dirección de Educación Especial:
·         ¿Se justifica un cambio de denominación del área de Dificultades de Aprendizaje, basado en la supuesta necesidad de dar un viraje hacia un enfoque de formación integral?
·         ¿Acaso ese enfoque integral no está claramente evidenciado en las tres conceptualizaciones?
·         ¿Las bases filosóficas, pedagógicas y psicológicas que fundamentan la modalidad, no son pertinentes con la idea de integralidad en la formación de los educandos?
·         ¿Es necesario empezar de cero una transformación o es más sano valerse de la experiencia y sabiduría acumulada por más de 30 años en la atención educativa desde la modalidad de EE?
·         ¿Se niega de plano la existencia de las Dificultades de Aprendizaje Escolar y las bondades demostrables del trabajo en pequeños grupos?
A modo de corolario:
Definitivamente todo proceso de cambio genera oposición y contrariedad ya que implica salir de nuestra zona de confort, no obstante, cuando los cambios son consensuados, argumentados, razonados y en efecto constituyen mejoras demostrables terminan por ser aceptados y asimilados por los colectivos involucrados.
Particularmente creo que no es el caso que asiste a la actual transformación de la modalidad de EE, específicamente en lo concerniente al área de Dificultades de Aprendizaje.
Si bien es cierto que se requiere realizar revisiones, evaluaciones y ajustes; estas últimas deben sustentarse en un claro y definido marco teórico desde las perspectivas filosóficas, pedagógicas, psicológicas y sociológicas que sustentan el sistema educativo venezolano.
Cambiar la denominación Dificultades de Aprendizaje, por otra más compleja, desarraigada de nuestra cosmovisión de la educación y que en nada concuerda con los desarrollos teóricos, que se vienen generando en el mundo, en el campo de las DA, poco o nada aportará para comprender las DA y menos aún para el perfeccionamiento de la atención educativa especializada.
El campo de las DA ha sufrido a lo largo de su evolución múltiples denominaciones, tal vez el problema radica precisamente en que nos enfocamos más en la denominación que en las necesidades reales de nuestros educandos.
Más preocupante aún, es que en nuestras escuelas esos cambios se han dado, se han eliminado los servicios de aula integrada y unidades psicoeducativas, el docente especialista es un itinerante dentro de la escuela que por atender a todos, termina por no atender a nadie.
Mientras esto sucede en la realidad de las escuelas del país, al visitar la página oficial de la Dirección de Educación Especial, nos sorprendemos al ver que aunque la transformación viene avanzando desde 2011, en la página oficial se encuentran los lineamientos y áreas de atención vigentes antes de la transformación. Por otra parte, el Ministerio aún no ha bajado la información oficial a las universidades, está en mora con las casas de formación de formadores ¿Cómo explicar esta situación?
Sea Dificultades de Aprendizaje o Interferencias en el Aprendizaje desarrollador, se requiere entender que esta problemática existe cada día con mayor frecuencia en nuestras escuelas, sobre todo si abrimos el abanico a las dificultades no específicas u ocasionadas por factores ambientales y culturales, debemos en consecuencia generar acciones concretas para que estos conglomerados de estudiantes puedan apropiarse de los aprendizajes escolares de acuerdo a sus posibilidades en igualdad de oportunidades.
Reconocer las diferencias y la diversidad, implica ampliar y diversificar los modos de atención, no reducirlos o eliminarlos.
 
Referencias
Aramayo, M. (2013). La investigación en discapacidad en Venezuela: primeros aportes del siglo XXI. 1 Colección discapacidad Monteávila: Caracas.
ECURED. Aprendizaje desarrollador. Recuperado el 12 de julio de 2014, de http://www.ecured.cu/index.php/Aprendizaje_desarrollador
República Bolivariana de Venezuela. (1999). Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Caracas.
Ministerio de Educación. (1976). Conceptualización y Política de la Educación Especial en Venezuela. Caracas: Dirección de Educación Especial.
Ministerio de Educación. (1989). Conceptualización y Política de la Educación Especial en Venezuela. Caracas: Dirección de Educación Especial.
Ministerio de Educación. (1997). Conceptualización y Política de la Educación Especial en Venezuela. Caracas: Dirección de Educación Especial.
Ministerio del Poder Popular para la Educación. (2009). Ley Orgánica de Educación. Caracas.
Padrón, Cruz y Viscaino (2011). El proceso de enseñanza aprendizaje desarrollador desde la clase de español. En: Cuadernos de Educación y Desarrollo. 3 (24) Recuperado el 20 de julio de 2014, de: http://www.eumed.net/rev/ced/24/vrm.htm


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miércoles, 21 de mayo de 2014

Video: Observando la realidad educativa

En este video de la Universidad Nacional Abierta, la Dra. Ericka Naveda, nos presenta un recuento de las principales problemáticas educativas que pueden evidenciarse en el contexto venezolano. El mismo requiere ser visualizado por los estudiantes de la asignatura 594, soluciones a problemas educativos en Educación Especial I.

Video: Observando la realidad educativa. (Dra. Ericka Naveda - UNA)


viernes, 11 de abril de 2014

Organizaciones educativas abiertas a la diversidad



          Tradicionalmente la escuela es un ente social que pareciera no ser alcanzado por los cambios sociales, o al menos no con  la velocidad con que suelen suceder las transformaciones en la sociedad. La escuela, sigue siendo aquel lugar por el cual todos transitamos, sin mucha claridad respecto a los por qué, sólo sabemos que es socialmente adecuado y necesario. El presente artículo pretende realizar una reflexión acerca de la escuela como una organización y de las implicaciones de un enfoque organizacional abierto a la diversidad.
          Desde una perspectiva básica, podemos entender una organización como un grupo de personas reunidas en función de unos objetivos previamente establecidos, que desarrollan una serie de actividades y que cuentan con recursos financieros, materiales y humanos para alcanzarlos.
            En segundo término cuando hablamos de organizaciones educativas, nos encontramos con dificultades para su definición. Según Martín (2007), en la literatura especializada, escasean definiciones sobre “términos claves de este ámbito disciplinar: escuela o centro educativo, organización, dirección y gestión” (p. 47). No obstante, la autora en referencia, alude a la definición de escuela propuesta por Boocock: “A partir de Dewey, está de moda enfocar la escuela como una pequeña comunidad en la que el ideal sería que hubiese continuidad entre las experiencias de aprendizaje y las que tienen lugar en la sociedad”  (Boocock, citado por Martín, 2007, p. 49)
            La escuela es concebida como un sitio para educar, formar ciudadanos, ubicada en un sitio estático y con unas características básicas: “población definida, estructura claramente especificada, nexo de una compacta red de relaciones sociales, impregnados de un sentimiento de nosotros y cultura propia” (Wallace citado por Martín, 2007, p.49).
       Paisey citado por Martín, señala cuatro características que definen a los centros escolares, llámense escuelas, instituciones educativas, organizaciones escolares, sean públicas o privadas:
  1. Infraestructura: referida a la disposición de los elementos físicos (edificio, mobiliario, objetos, materiales, etc.) y como se emplean dentro del centro para alcanzar los objetivos. Se relaciona además con conceptos como: seguridad, accesibilidad y disponibilidad. 
  2. Constituida por las personas y no por las cosas. 
  3. Se manifiesta una conducta inclusiva: Toma en cuenta las conductas de todas las personas que conviven en su seno. 
  4. Es por naturaleza instrumental y transitoria: Toma en cuenta la disposición de los medios respecto a los fines y está en constante ajuste. Las organizaciones deben ser dinámicas (p. 52).
Ahora bien, habiendo realizado esta breve definición y caracterización de las instituciones educativas en general, observamos que dichas características se evidencian en la realidad de las instituciones venezolanas. Las escuelas son centros ubicados en todo el territorio nacional, atienden a una población definida, tienen una estructura organizativa delimitada y dentro de ellas se da una dinámica social que manifiesta y caracteriza su cultura propia. Estas escuelas están llamadas a alcanzar los fines generales de la educación plasmados en la constitución nacional y las leyes.
En este punto cabe señalar que en la dinámica de las escuelas aunque coexisten diversos modelos organizativos, ha prevalecido un enfoque de gestión tradicional proveniente de las teorías clásicas de las organizaciones, específicamente de la escuela Taylorista. Su racionalidad consiste en la eficiencia de la empresa: mayor y mejor producto, al menor costo y en el menor tiempo. El traslado de este enfoque al ámbito educativo trajo como consecuencia la concepción de la escuela como una empresa, donde se pierde de vista la importancia de los procesos de enseñanza y aprendizaje, se crea una cultura organizacional que valora un solo tipo de “inteligencia”, se promueve la competencia para ser el mejor y se convierte la escuela en un filtro social segregador en el cual no hay cabida para aquellos que no poseen las “capacidades”  valoradas por el entorno y por ende necesarias para sobrevivir en el sistema.
Al respecto Martín (2007) señala que las características de los centros educativos con enfoque Taylorista se resumen en:
1) uniformidad del programa de estudios para el alumnado de un mismo nivel educativo, 2) metodología dirigida a la enseñanza colectiva, 3) agrupamientos rígidos del alumnado, 4) aislamiento del profesorado, 5) escasez de recursos materiales para el aprendizaje, 6) uniformidad del diseño espacial, 7) uniformidad de la temporalización, 8) controles evaluativos discontinuos, 9) disciplina formal, 10) dirección unipersonal y 11) insuficientes relaciones con el entorno (p. 6).
Como se desprende de lo expuesto, en el contexto institucional planteado resulta difícil si no imposible acometer verdaderos procesos de inclusión de personas con discapacidad o de personas con necesidades educativas especiales o con diversidad funcional. Consideramos que,  más allá de la discusión acerca de las denominaciones, es necesario plantearse un cambio organizacional, que incluya una definición y delimitación clara de la escuela como organización, que debe responder a los fines amplios de la educación planteados en la constitución y las leyes, pero además, a las necesidades contextuales de las regiones y de las comunidades específicas en las que se encuentran insertas las escuelas.
La escuela, como organización, debe contar con recursos de infraestructura, financieros y humanos para acometer los objetivos que le son propios. Desde la perspectiva de las organizaciones, si uno de estos elementos falla, no podríamos hablar de organización, ya que cada uno de estos elementos actúa de forma interconectada, de modo que al fallar alguno de ellos, se dificulta la consecución de los objetivos.
Ahora bien, ya hemos abordado el caso de la escuela como organización en general, conviene en este punto acercarnos a la cultura organizacional y cómo esa cultura interviene o incide en la inclusión de los educandos con necesidades educativas especiales. Armengol, citado por Lorenzo (2006), luego del análisis de una decena de autores plantea  las características de la cultura organizacional: a) Es producto de la experiencia grupal, b) se aplica a unidades sociales que han podido aprender y establecer una visión de sí mismas y del medio que las rodea, c) sirve para resolver situaciones y como marco de referencia del comportamiento de sus miembros, d) está implícita, es invisible, e) es reflejo de la cultura externa e interna; e) está dotada de elementos simbólicos, que responden a los valores, creencias y principio de sus miembros y que rigen su actividad, f) se encuentran en la base de la identidad de organización.
Para Dilts (1996):
Las creencias y los valores conforman el marco no físico que abarca todas nuestras interacciones… por todo ello, constituyen una influencia clave sobre la motivación y la cultura. Las creencias y valores compartidos son el “cemento” que mantiene unido a un equipo o una organización eficaz (p. 125)
Como se deriva de los planteamientos de los autores, para el adecuado funcionamiento de la organización escolar, es necesario conocer y comprender su cultura organizacional, intangible, pero presente en cada acción y con implicaciones importantes para el logro de los objetivos.
Al respecto Lorenzo (2006), señala que aunque la cultura se refiere a las creencias y valores compartidos, no es homogénea en los Centros educativos, de hecho cada aula, cada salón de clase manifiesta su propia cultura. El autor en referencia, menciona la subcultura escolar de la educación especial, entendida como el: “conjunto de valores, percepciones y significados compartidos en la escuela en torno a cómo atender las necesidades educativas manifestadas por una parte de su población… especialmente aquellos que están en situación de riesgo, desventaja o exclusión del sistema educativo establecido” (p. 47).
Para Lorenzo (2006), la evolución de la educación especial (EE) ha permitido un cambio en la cultura de la escuela en este sentido. Señala que se ha pasado de una cultura de la discriminación, a una de la integración y más recientemente a una de la inclusión. Cada una de estas culturas responde a un modo de concebir al educando con necesidades especiales y obviamente al rol de la escuela como organización para dar atención y respuesta a sus necesidades.
Nos interesa particularmente profundizar en la “cultura de la inclusión”. Según Lorenzo (2006), es la tendencia actual en la concepción de la EE, “su fundamento es la asunción de las diferencias que se dan entre los individuos, en aceptar como principio positivo y enriquecedor el de la diversidad de todos los sujetos, que convergen en una escuela cuya cultura busca la inclusión…” (p.49). Las características de la escuela inclusiva según Lorenzo son:

  1. ·         Preocupación por la atención a las necesidades educativas especiales de todos los alumnos. (Sin carga peyorativa o excluyente). 
  2. ·         Cultura curricular abierta (diseño ordinario pero flexible a adaptaciones). 
  3. ·         La diferencia como valor que enriquece a todos. 
  4. ·         No busca la homogeneidad del grupo. 
  5. ·         El apoyo se da dentro del aula. 
  6. ·         Respeta los ritmos y modos de aprendizaje. 
  7. ·         Se promueve la colaboración y conformación de comunidades de aprendizaje. 
  8. ·         Qué todos sean aceptados sin ningún tipo de limitación. 
  9. ·         Requiere un cambio ideológico de los valores que promueve la escuela y por ende de su organización. (Enseñar a compartir – enseñar a aprender - enseñar a colaborar).
Por su parte Stainback y Stainback (1999), señalan como ventajas de las escuelas inclusivas la posibilidad de crear comunidades de aprendizaje, la optimización en el uso de los recursos, la posibilidad de proporcionar apoyos sociales y docentes a todos los alumnos. Para los autores debe generarse un cambio en la estructura organizacional de la escuela y en la cultura organizacional. Entre otras cosas, las aulas son heterogéneas y el trabajo en el aula se asume desde la perspectiva de la colaboración. Señalan características como: la filosofía de clase es la filosofía de grupo, enseñanza adaptada al alumno, apoyos en el aula ordinaria, fomento de la comprensión de las diferencias individuales y flexibilidad.
Todo lo planteado hasta ahora nos lleva a la consideración de un necesario cambio organizacional en las instituciones educativas, que permita pasar de un modelo estático y homogeneizador a un modelo flexible, abierto a la diversidad.
La transformación de la modalidad de EE en Venezuela de cara a los procesos de inclusión
En el caso venezolano, a partir del año 2011 se viene promoviendo desde el Ministerio del Poder Popular para la Educación (MPPE) y la Dirección de Educación Especial (DEE), un cambio en la denominación de las personas sujetos de atención de la modalidad. El término propuesto es “diversidad funcional”.  Para comprender el término Diversidad Funcional es importante saber que dicho vocablo surge en el año 2005 en el contexto español a partir de la iniciativa de las propias personas con necesidades educativas especiales o discapacidad, en el Foro de vida independiente, cuyo interés se centra en presentar un término no discriminatorio, ni excluyente.
Los promotores del término “diversidad funcional” consideran que el mismo implica un cambio en la percepción de las personas, y un viraje del modelo clínico a un modelo social. “(…) el término diversidad funcional se ajusta a una realidad en la que una persona funciona de manera diferente o diversa de la mayoría de la sociedad” (Romañach y Lobato, 2005, p.4). En este sentido, los citados autores señalan que la postura que asumen es intermedia, ya que no parten de un enfoque médico en el cual el énfasis está puesto en la deficiencia, ni en un enfoque meramente social que pretende colocar el acento en las barreras de tipo social.
Aramayo (2013) señala, que en el caso de la transformación de la modalidad en Venezuela ha faltado la consulta y el consenso de los diferentes actores involucrados, tan es así, que la inforrmación al respecto se ha obtenido  fundamentalmente a través de Internet. La presentación formal de la propuesta de transformación desde el Ministerio hacia las Universidades formadoras de formadores no se ha dado; toda esta falta de consulta y de trabajo colaborativo son aspectos que la han hecho controvertida. Aramayo considera que su consulta abierta a todos los actores involucrados permitiría su enriquecimiento.
No obstante lo planteado en el párrafo precedente, en la práctica de la modalidad se han realizado cambios importantes desde el Ministerio, eliminando servicios, modificando las denominaciones de los servicios, cambiando los roles tanto de los docentes especialistas como de los docentes regulares, todo en un clima autoritario. Ocasionándose conflicto de intereses y la no aceptación de la propuesta por parte de los mismos colectivos de personas con discapacidad o necesidades educativas especiales. 
En este sentido desde el punto de vista de las organizaciones, cabe señalar los planteamientos de Dilts (1996), respecto al cambio. Según el autor, cuando se trata de generar cambios en las organizaciones, se requiere que se existan habilidades de liderazgo para estimular y motivar a todos los miembros de la organización. Como es bien sabido, ante el cambio se generan resistencias, de allí la importancia del papel del líder. Para Dilts, los elementos básicos del cambio son: las personas, el comportamiento de estas y la motivación para alcanzar los  resultados esperados en un entorno.
En este orden de ideas, se considera que el cambio de denominación de manera unilateral sin consenso con los involucrados: colectivos de personas con discapacidad, docentes especialistas, docentes regulares y universidades formadoras, más que un avance constituye una traba, ya que las organizaciones al estar conformadas por personas, requieren la generación de cambios desde el conocimiento y la consulta. 
 En los procesos de cambio, la cultura organizacional tiene un fuerte impacto, ya que se refiere al conjunto de creencias aceptadas por el grupo. Modificar esas creencias en función de otras, es un trabajo arduo que requiere motivación. “Los planes y las acciones no pueden ser llevados a la práctica de forma congruente si están en contradicción  con las presunciones y presuposiciones básicas de quienes tienen la responsabilidad de llevarlos a cabo” (p.135). Este argumento destaca la importancia de la comprensión de las personas que conforman la organización de la necesidad del cambio, las fortalezas del mismo y de sus propias habilidades para asumirlo. En definitiva un proceso de cambio en una organización eficaz no puede ser impuesto, debe ser consensuado, negociado, motivado.
Este aspecto es relevante ya que durante este proceso de transformación de la modalidad, se han observado reacciones adversas, de los colectivos de personas con discapacidad, docentes especialistas, docentes regulares, directivos de planteles, quienes aún no comprenden el proceso. Así mismo las universidades, que tienen la responsabilidad de formar al profesorado, tanto especialistas como docentes regulares, carecen de información oficial por parte del MPPE y de la DEE respecto a la nueva estructura organizativa y los nuevos roles que le corresponde ejercer al profesorado.
Se ha puesto el énfasis en el cambio de denominación de las personas, obviando la denominación planteada y vigente en el país desde el año (2007) por el ente rector en materia de personas con discapacidad: Consejo Nacional para las Personas con Discapacidad (CONAPDIS).
Aramayo (2013) considera que es necesaria la revisión y replanteamiento de la modalidad, reconoce que esta propuesta parte de una filosofía inclusiva, la cual no es creada por la transformación, sino que responde a los avances de la EE en el mundo, sin embargo, en la propuesta no se presentan los antecedentes de esta visión, por lo que argumenta que deben tomarse en cuenta los referentes históricos de la inclusión como son las declaraciones de Salamanca y Jontiem
Por otra parte alerta el autor que asegurar la inclusión va más allá de la declaración en documentos, se requiere la implementación orquestada de acciones tendentes a propiciar los cambios en el sistema educativo como organización, que permitan avanzar hacia una educación de calidad, en igualdad de oportunidades para todos.
Si bien es cierto que la modalidad requiere un cambio, una transformación, como bien lo señala Aramayo (2013), la forma en que se ha implementado es incorrecta desde el punto de vista de la organización. Dilts (1996), propone una forma para determinar la motivación de las personas al cambio: 1) lo apetecible del resultado; 2) la confianza en que las acciones producirán el cambio esperado; 3) la evaluación de la facilidad o dificultad del comportamiento esperado para alcanzar el nuevo resultado; 4) el convencimiento de la propia capacidad para producir los comportamientos necesarios; 5) el sentido individual de responsabilidad ante dicho cambio.
Consideraciones finales:
·         Se considera necesario un cambio organizacional de la escuela en general, no solo de la modalidad de Educación Especial para asegurar la inclusión plena de las personas con necesidades especiales (infraestructura de los centros, ubicación del alumnado, modo de planificación de la enseñanza, capacitación del recurso humano).
·         Ya que la escuela se entiende como una pequeña comunidad reflejo de la sociedad, se requieren acciones dirigidas a fomentar la diversidad como valor, en este sentido debe involucrarse la comunidad a las acciones de cambio.
·         El cambio organizacional implica un cambio de paradigmas socio-filosóficos de la educación (valores como la solidaridad, la cooperación, la colaboración, el respeto, la heterogeneidad, la diversidad, entre otros).
·         El cambio de denominación no implica necesariamente un cambio de la organización, por lo que se requiere un análisis detallado de la propuesta con la participación consensuada de todos los involucrados.
·         Se debe tomar en cuenta la cultura organizacional, conocerla, comprenderla  y generar liderazgos positivos que motiven a todos los miembros de la organización hacia el cambio, de igual manera en lo relativo a la sub cultura escolar de la educación especial.
·         La capacitación de los docentes regulares es fundamental, motivarlos a participar, otorgarles herramientas para apoyar procesos inclusivos es un modo positivo de introducir cambios.

Profa. Zuleima Corredor
Referencias
Aramayo, M. (2013). La investigación en discapacidad en Venezuela: primeros aportes del siglo XXI. 1 Colección discapacidad Monteávila: Caracas.
Lorenzo, M. (2006). La cultura organizativa de los centros: implicaciones en la vida de los alumnos con necesidades educativas especiales. En: Peñafiel, F., Fernández, J., Domingo, J., Navas, J. (coord.). (2006). La intervención en Educación Especial. Madrid: CCS. (pp. 39-55).
Luque, B., Osorio, B., Arráez, T., Pérez, Y. (2011). La Educación Especial en Venezuela: Algunas consideraciones para su Reconstrucción histórica. En: Luque, G. (comp.) (2011).Venezuela, medio siglo de historia educativa 1951-2001. Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria.
Martín, Q. (2007). Organización y dirección de centros educativos innovadores. Madrid: McGraw Hill.
Ministerio de Educación. (1976). Conceptualización y Política de la Educación Especial en Venezuela. Caracas: Dirección de Educación Especial.
Ministerio de Educación. (1989). Conceptualización y Política de la Educación Especial en Venezuela. Caracas: Dirección de Educación Especial.
Ministerio de Educación. (1997). Conceptualización y Política de la Educación Especial en Venezuela. Caracas: Dirección de Educación Especial.
Romañach, J., Lobato, M. (2005). Diversidad funcional, nuevo término para la lucha por la dignidad en la diversidad del ser humano. Recuperado el 03 de marzo de 2013. Disponible en: http://www.forovidaindependiente.org/files/documentos/pdf/diversidad_funcional.pdf
Stainback, S., Stainback, W., Jackson, J. (1999). Hacia las aulas inclusivas. En: Stainback, S., y Stainback, W. (1999). Aulas inclusivas. Madrid: Nancea.