viernes, 11 de abril de 2014

Organizaciones educativas abiertas a la diversidad



          Tradicionalmente la escuela es un ente social que pareciera no ser alcanzado por los cambios sociales, o al menos no con  la velocidad con que suelen suceder las transformaciones en la sociedad. La escuela, sigue siendo aquel lugar por el cual todos transitamos, sin mucha claridad respecto a los por qué, sólo sabemos que es socialmente adecuado y necesario. El presente artículo pretende realizar una reflexión acerca de la escuela como una organización y de las implicaciones de un enfoque organizacional abierto a la diversidad.
          Desde una perspectiva básica, podemos entender una organización como un grupo de personas reunidas en función de unos objetivos previamente establecidos, que desarrollan una serie de actividades y que cuentan con recursos financieros, materiales y humanos para alcanzarlos.
            En segundo término cuando hablamos de organizaciones educativas, nos encontramos con dificultades para su definición. Según Martín (2007), en la literatura especializada, escasean definiciones sobre “términos claves de este ámbito disciplinar: escuela o centro educativo, organización, dirección y gestión” (p. 47). No obstante, la autora en referencia, alude a la definición de escuela propuesta por Boocock: “A partir de Dewey, está de moda enfocar la escuela como una pequeña comunidad en la que el ideal sería que hubiese continuidad entre las experiencias de aprendizaje y las que tienen lugar en la sociedad”  (Boocock, citado por Martín, 2007, p. 49)
            La escuela es concebida como un sitio para educar, formar ciudadanos, ubicada en un sitio estático y con unas características básicas: “población definida, estructura claramente especificada, nexo de una compacta red de relaciones sociales, impregnados de un sentimiento de nosotros y cultura propia” (Wallace citado por Martín, 2007, p.49).
       Paisey citado por Martín, señala cuatro características que definen a los centros escolares, llámense escuelas, instituciones educativas, organizaciones escolares, sean públicas o privadas:
  1. Infraestructura: referida a la disposición de los elementos físicos (edificio, mobiliario, objetos, materiales, etc.) y como se emplean dentro del centro para alcanzar los objetivos. Se relaciona además con conceptos como: seguridad, accesibilidad y disponibilidad. 
  2. Constituida por las personas y no por las cosas. 
  3. Se manifiesta una conducta inclusiva: Toma en cuenta las conductas de todas las personas que conviven en su seno. 
  4. Es por naturaleza instrumental y transitoria: Toma en cuenta la disposición de los medios respecto a los fines y está en constante ajuste. Las organizaciones deben ser dinámicas (p. 52).
Ahora bien, habiendo realizado esta breve definición y caracterización de las instituciones educativas en general, observamos que dichas características se evidencian en la realidad de las instituciones venezolanas. Las escuelas son centros ubicados en todo el territorio nacional, atienden a una población definida, tienen una estructura organizativa delimitada y dentro de ellas se da una dinámica social que manifiesta y caracteriza su cultura propia. Estas escuelas están llamadas a alcanzar los fines generales de la educación plasmados en la constitución nacional y las leyes.
En este punto cabe señalar que en la dinámica de las escuelas aunque coexisten diversos modelos organizativos, ha prevalecido un enfoque de gestión tradicional proveniente de las teorías clásicas de las organizaciones, específicamente de la escuela Taylorista. Su racionalidad consiste en la eficiencia de la empresa: mayor y mejor producto, al menor costo y en el menor tiempo. El traslado de este enfoque al ámbito educativo trajo como consecuencia la concepción de la escuela como una empresa, donde se pierde de vista la importancia de los procesos de enseñanza y aprendizaje, se crea una cultura organizacional que valora un solo tipo de “inteligencia”, se promueve la competencia para ser el mejor y se convierte la escuela en un filtro social segregador en el cual no hay cabida para aquellos que no poseen las “capacidades”  valoradas por el entorno y por ende necesarias para sobrevivir en el sistema.
Al respecto Martín (2007) señala que las características de los centros educativos con enfoque Taylorista se resumen en:
1) uniformidad del programa de estudios para el alumnado de un mismo nivel educativo, 2) metodología dirigida a la enseñanza colectiva, 3) agrupamientos rígidos del alumnado, 4) aislamiento del profesorado, 5) escasez de recursos materiales para el aprendizaje, 6) uniformidad del diseño espacial, 7) uniformidad de la temporalización, 8) controles evaluativos discontinuos, 9) disciplina formal, 10) dirección unipersonal y 11) insuficientes relaciones con el entorno (p. 6).
Como se desprende de lo expuesto, en el contexto institucional planteado resulta difícil si no imposible acometer verdaderos procesos de inclusión de personas con discapacidad o de personas con necesidades educativas especiales o con diversidad funcional. Consideramos que,  más allá de la discusión acerca de las denominaciones, es necesario plantearse un cambio organizacional, que incluya una definición y delimitación clara de la escuela como organización, que debe responder a los fines amplios de la educación planteados en la constitución y las leyes, pero además, a las necesidades contextuales de las regiones y de las comunidades específicas en las que se encuentran insertas las escuelas.
La escuela, como organización, debe contar con recursos de infraestructura, financieros y humanos para acometer los objetivos que le son propios. Desde la perspectiva de las organizaciones, si uno de estos elementos falla, no podríamos hablar de organización, ya que cada uno de estos elementos actúa de forma interconectada, de modo que al fallar alguno de ellos, se dificulta la consecución de los objetivos.
Ahora bien, ya hemos abordado el caso de la escuela como organización en general, conviene en este punto acercarnos a la cultura organizacional y cómo esa cultura interviene o incide en la inclusión de los educandos con necesidades educativas especiales. Armengol, citado por Lorenzo (2006), luego del análisis de una decena de autores plantea  las características de la cultura organizacional: a) Es producto de la experiencia grupal, b) se aplica a unidades sociales que han podido aprender y establecer una visión de sí mismas y del medio que las rodea, c) sirve para resolver situaciones y como marco de referencia del comportamiento de sus miembros, d) está implícita, es invisible, e) es reflejo de la cultura externa e interna; e) está dotada de elementos simbólicos, que responden a los valores, creencias y principio de sus miembros y que rigen su actividad, f) se encuentran en la base de la identidad de organización.
Para Dilts (1996):
Las creencias y los valores conforman el marco no físico que abarca todas nuestras interacciones… por todo ello, constituyen una influencia clave sobre la motivación y la cultura. Las creencias y valores compartidos son el “cemento” que mantiene unido a un equipo o una organización eficaz (p. 125)
Como se deriva de los planteamientos de los autores, para el adecuado funcionamiento de la organización escolar, es necesario conocer y comprender su cultura organizacional, intangible, pero presente en cada acción y con implicaciones importantes para el logro de los objetivos.
Al respecto Lorenzo (2006), señala que aunque la cultura se refiere a las creencias y valores compartidos, no es homogénea en los Centros educativos, de hecho cada aula, cada salón de clase manifiesta su propia cultura. El autor en referencia, menciona la subcultura escolar de la educación especial, entendida como el: “conjunto de valores, percepciones y significados compartidos en la escuela en torno a cómo atender las necesidades educativas manifestadas por una parte de su población… especialmente aquellos que están en situación de riesgo, desventaja o exclusión del sistema educativo establecido” (p. 47).
Para Lorenzo (2006), la evolución de la educación especial (EE) ha permitido un cambio en la cultura de la escuela en este sentido. Señala que se ha pasado de una cultura de la discriminación, a una de la integración y más recientemente a una de la inclusión. Cada una de estas culturas responde a un modo de concebir al educando con necesidades especiales y obviamente al rol de la escuela como organización para dar atención y respuesta a sus necesidades.
Nos interesa particularmente profundizar en la “cultura de la inclusión”. Según Lorenzo (2006), es la tendencia actual en la concepción de la EE, “su fundamento es la asunción de las diferencias que se dan entre los individuos, en aceptar como principio positivo y enriquecedor el de la diversidad de todos los sujetos, que convergen en una escuela cuya cultura busca la inclusión…” (p.49). Las características de la escuela inclusiva según Lorenzo son:

  1. ·         Preocupación por la atención a las necesidades educativas especiales de todos los alumnos. (Sin carga peyorativa o excluyente). 
  2. ·         Cultura curricular abierta (diseño ordinario pero flexible a adaptaciones). 
  3. ·         La diferencia como valor que enriquece a todos. 
  4. ·         No busca la homogeneidad del grupo. 
  5. ·         El apoyo se da dentro del aula. 
  6. ·         Respeta los ritmos y modos de aprendizaje. 
  7. ·         Se promueve la colaboración y conformación de comunidades de aprendizaje. 
  8. ·         Qué todos sean aceptados sin ningún tipo de limitación. 
  9. ·         Requiere un cambio ideológico de los valores que promueve la escuela y por ende de su organización. (Enseñar a compartir – enseñar a aprender - enseñar a colaborar).
Por su parte Stainback y Stainback (1999), señalan como ventajas de las escuelas inclusivas la posibilidad de crear comunidades de aprendizaje, la optimización en el uso de los recursos, la posibilidad de proporcionar apoyos sociales y docentes a todos los alumnos. Para los autores debe generarse un cambio en la estructura organizacional de la escuela y en la cultura organizacional. Entre otras cosas, las aulas son heterogéneas y el trabajo en el aula se asume desde la perspectiva de la colaboración. Señalan características como: la filosofía de clase es la filosofía de grupo, enseñanza adaptada al alumno, apoyos en el aula ordinaria, fomento de la comprensión de las diferencias individuales y flexibilidad.
Todo lo planteado hasta ahora nos lleva a la consideración de un necesario cambio organizacional en las instituciones educativas, que permita pasar de un modelo estático y homogeneizador a un modelo flexible, abierto a la diversidad.
La transformación de la modalidad de EE en Venezuela de cara a los procesos de inclusión
En el caso venezolano, a partir del año 2011 se viene promoviendo desde el Ministerio del Poder Popular para la Educación (MPPE) y la Dirección de Educación Especial (DEE), un cambio en la denominación de las personas sujetos de atención de la modalidad. El término propuesto es “diversidad funcional”.  Para comprender el término Diversidad Funcional es importante saber que dicho vocablo surge en el año 2005 en el contexto español a partir de la iniciativa de las propias personas con necesidades educativas especiales o discapacidad, en el Foro de vida independiente, cuyo interés se centra en presentar un término no discriminatorio, ni excluyente.
Los promotores del término “diversidad funcional” consideran que el mismo implica un cambio en la percepción de las personas, y un viraje del modelo clínico a un modelo social. “(…) el término diversidad funcional se ajusta a una realidad en la que una persona funciona de manera diferente o diversa de la mayoría de la sociedad” (Romañach y Lobato, 2005, p.4). En este sentido, los citados autores señalan que la postura que asumen es intermedia, ya que no parten de un enfoque médico en el cual el énfasis está puesto en la deficiencia, ni en un enfoque meramente social que pretende colocar el acento en las barreras de tipo social.
Aramayo (2013) señala, que en el caso de la transformación de la modalidad en Venezuela ha faltado la consulta y el consenso de los diferentes actores involucrados, tan es así, que la inforrmación al respecto se ha obtenido  fundamentalmente a través de Internet. La presentación formal de la propuesta de transformación desde el Ministerio hacia las Universidades formadoras de formadores no se ha dado; toda esta falta de consulta y de trabajo colaborativo son aspectos que la han hecho controvertida. Aramayo considera que su consulta abierta a todos los actores involucrados permitiría su enriquecimiento.
No obstante lo planteado en el párrafo precedente, en la práctica de la modalidad se han realizado cambios importantes desde el Ministerio, eliminando servicios, modificando las denominaciones de los servicios, cambiando los roles tanto de los docentes especialistas como de los docentes regulares, todo en un clima autoritario. Ocasionándose conflicto de intereses y la no aceptación de la propuesta por parte de los mismos colectivos de personas con discapacidad o necesidades educativas especiales. 
En este sentido desde el punto de vista de las organizaciones, cabe señalar los planteamientos de Dilts (1996), respecto al cambio. Según el autor, cuando se trata de generar cambios en las organizaciones, se requiere que se existan habilidades de liderazgo para estimular y motivar a todos los miembros de la organización. Como es bien sabido, ante el cambio se generan resistencias, de allí la importancia del papel del líder. Para Dilts, los elementos básicos del cambio son: las personas, el comportamiento de estas y la motivación para alcanzar los  resultados esperados en un entorno.
En este orden de ideas, se considera que el cambio de denominación de manera unilateral sin consenso con los involucrados: colectivos de personas con discapacidad, docentes especialistas, docentes regulares y universidades formadoras, más que un avance constituye una traba, ya que las organizaciones al estar conformadas por personas, requieren la generación de cambios desde el conocimiento y la consulta. 
 En los procesos de cambio, la cultura organizacional tiene un fuerte impacto, ya que se refiere al conjunto de creencias aceptadas por el grupo. Modificar esas creencias en función de otras, es un trabajo arduo que requiere motivación. “Los planes y las acciones no pueden ser llevados a la práctica de forma congruente si están en contradicción  con las presunciones y presuposiciones básicas de quienes tienen la responsabilidad de llevarlos a cabo” (p.135). Este argumento destaca la importancia de la comprensión de las personas que conforman la organización de la necesidad del cambio, las fortalezas del mismo y de sus propias habilidades para asumirlo. En definitiva un proceso de cambio en una organización eficaz no puede ser impuesto, debe ser consensuado, negociado, motivado.
Este aspecto es relevante ya que durante este proceso de transformación de la modalidad, se han observado reacciones adversas, de los colectivos de personas con discapacidad, docentes especialistas, docentes regulares, directivos de planteles, quienes aún no comprenden el proceso. Así mismo las universidades, que tienen la responsabilidad de formar al profesorado, tanto especialistas como docentes regulares, carecen de información oficial por parte del MPPE y de la DEE respecto a la nueva estructura organizativa y los nuevos roles que le corresponde ejercer al profesorado.
Se ha puesto el énfasis en el cambio de denominación de las personas, obviando la denominación planteada y vigente en el país desde el año (2007) por el ente rector en materia de personas con discapacidad: Consejo Nacional para las Personas con Discapacidad (CONAPDIS).
Aramayo (2013) considera que es necesaria la revisión y replanteamiento de la modalidad, reconoce que esta propuesta parte de una filosofía inclusiva, la cual no es creada por la transformación, sino que responde a los avances de la EE en el mundo, sin embargo, en la propuesta no se presentan los antecedentes de esta visión, por lo que argumenta que deben tomarse en cuenta los referentes históricos de la inclusión como son las declaraciones de Salamanca y Jontiem
Por otra parte alerta el autor que asegurar la inclusión va más allá de la declaración en documentos, se requiere la implementación orquestada de acciones tendentes a propiciar los cambios en el sistema educativo como organización, que permitan avanzar hacia una educación de calidad, en igualdad de oportunidades para todos.
Si bien es cierto que la modalidad requiere un cambio, una transformación, como bien lo señala Aramayo (2013), la forma en que se ha implementado es incorrecta desde el punto de vista de la organización. Dilts (1996), propone una forma para determinar la motivación de las personas al cambio: 1) lo apetecible del resultado; 2) la confianza en que las acciones producirán el cambio esperado; 3) la evaluación de la facilidad o dificultad del comportamiento esperado para alcanzar el nuevo resultado; 4) el convencimiento de la propia capacidad para producir los comportamientos necesarios; 5) el sentido individual de responsabilidad ante dicho cambio.
Consideraciones finales:
·         Se considera necesario un cambio organizacional de la escuela en general, no solo de la modalidad de Educación Especial para asegurar la inclusión plena de las personas con necesidades especiales (infraestructura de los centros, ubicación del alumnado, modo de planificación de la enseñanza, capacitación del recurso humano).
·         Ya que la escuela se entiende como una pequeña comunidad reflejo de la sociedad, se requieren acciones dirigidas a fomentar la diversidad como valor, en este sentido debe involucrarse la comunidad a las acciones de cambio.
·         El cambio organizacional implica un cambio de paradigmas socio-filosóficos de la educación (valores como la solidaridad, la cooperación, la colaboración, el respeto, la heterogeneidad, la diversidad, entre otros).
·         El cambio de denominación no implica necesariamente un cambio de la organización, por lo que se requiere un análisis detallado de la propuesta con la participación consensuada de todos los involucrados.
·         Se debe tomar en cuenta la cultura organizacional, conocerla, comprenderla  y generar liderazgos positivos que motiven a todos los miembros de la organización hacia el cambio, de igual manera en lo relativo a la sub cultura escolar de la educación especial.
·         La capacitación de los docentes regulares es fundamental, motivarlos a participar, otorgarles herramientas para apoyar procesos inclusivos es un modo positivo de introducir cambios.

Profa. Zuleima Corredor
Referencias
Aramayo, M. (2013). La investigación en discapacidad en Venezuela: primeros aportes del siglo XXI. 1 Colección discapacidad Monteávila: Caracas.
Lorenzo, M. (2006). La cultura organizativa de los centros: implicaciones en la vida de los alumnos con necesidades educativas especiales. En: Peñafiel, F., Fernández, J., Domingo, J., Navas, J. (coord.). (2006). La intervención en Educación Especial. Madrid: CCS. (pp. 39-55).
Luque, B., Osorio, B., Arráez, T., Pérez, Y. (2011). La Educación Especial en Venezuela: Algunas consideraciones para su Reconstrucción histórica. En: Luque, G. (comp.) (2011).Venezuela, medio siglo de historia educativa 1951-2001. Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria.
Martín, Q. (2007). Organización y dirección de centros educativos innovadores. Madrid: McGraw Hill.
Ministerio de Educación. (1976). Conceptualización y Política de la Educación Especial en Venezuela. Caracas: Dirección de Educación Especial.
Ministerio de Educación. (1989). Conceptualización y Política de la Educación Especial en Venezuela. Caracas: Dirección de Educación Especial.
Ministerio de Educación. (1997). Conceptualización y Política de la Educación Especial en Venezuela. Caracas: Dirección de Educación Especial.
Romañach, J., Lobato, M. (2005). Diversidad funcional, nuevo término para la lucha por la dignidad en la diversidad del ser humano. Recuperado el 03 de marzo de 2013. Disponible en: http://www.forovidaindependiente.org/files/documentos/pdf/diversidad_funcional.pdf
Stainback, S., Stainback, W., Jackson, J. (1999). Hacia las aulas inclusivas. En: Stainback, S., y Stainback, W. (1999). Aulas inclusivas. Madrid: Nancea.
 


miércoles, 12 de febrero de 2014

¿Existen o no las Dificultades de Aprendizaje?




En el campo de la Educación Especial, una de las áreas de atención más controvertida desde sus inicios, ha sido la referida a las Dificultades de Aprendizaje (DA). Antes y aún después de la propuesta definitoria realizada por Samuel Kirk en el año 1963, ha sido sumamente difícil para los especialista: médicos,  psicólogos, educadores; explicar con exactitud en qué consisten las DA y cómo se manifiestan. La principal razón de esta dificultad, radica en la casi imposibilidad de demostrar, mediante estudios neurológicos, alteraciones o disfunciones a nivel cerebral y a los escasos logros de la intervención desde los aportes de la psicología.
Desde la génesis de la disciplina entre 1800 – 1940, se le reconoce como la fase de la fundación o de los cimientos (Aguilera y Saldaña, 2003), esta etapa se caracteriza por el desarrollo de investigaciones básicas sobre las  funciones cerebrales,  alteraciones  en el lenguaje y la conducta. La ciencia involucrada en esta fase es la medicina, los estudios iniciales se realizaron en adultos que presentaban alguna patología cerebral, se estudiaba la relación entre las disfunciones cerebrales y alteraciones en el lenguaje oral y escrito, así como en trastornos de tipo perceptivo y motor.
Entre los principales investigadores de la fase fundacional tenemos a Broca (1861) y Wernicke (1908) quienes estudiaron las alteraciones en el lenguaje oral; Hinshelwodd (1917) y Orton (1925),  se dedicaron al estudio de alteraciones en el lenguaje escrito; Goldstein (1930), se interesó  en el examen de alteraciones de tipo perceptivo y Motor.  Strauss y Werner (1933) fueron pioneros en la realización de estudios en niños con daño cerebral y retraso mental, buscaron la relación entre estas alteraciones y las disfunciones perceptivas y motoras, apoyándose en los estudios previos realizados por Goldstein en adultos.
De 1940 a 1963 se le reconoce como la fase de la transición (Aguilera y Saldaña, 2003), su denominación surge del paso dado en el estudio de las DA desde el campo de la medicina, hacia investigaciones originadas en el ámbito de la psicología. El énfasis de esta etapa está puesto en el desarrollo de instrumentos para la evaluación y diagnóstico de las DA como en el diseño de la instrucción e intervención.
En la década de los sesenta surgen conceptos y definiciones desde la psicología cuya finalidad es explicar las dificultades de aprendizaje, sus causas y manifestaciones. Los principales constructos surgidos durante este período son: a) déficits perceptivo-motor (Kephart, 1960); b) integración sensorial (Birch y Belmont, 1964); c) déficits psiconeurológico (Myklebust, 1964); d) Organización neurológica (Delacato, 1966);  e) disfunción cerebral mínima (Clements, 1966), f) déficits Psiconeurolingüisticos (Kirk y Kirk, 1971) (Mercer, 1991; Aguilera y Saldaña, 2003).
Durante la fase de la transición van a surgir los dos grandes enfoques de intervención en dificultades de Aprendizaje que permanecen vigentes en la actualidad con algunas modificaciones y que han sido objeto de múltiples críticas: 1) modelo de atención basado en el análisis de procesos psicológicos básicos y 2) modelo de atención de análisis de la tarea o centrado en la tarea. Según se ubique el especialista en uno u otro enfoque, las decisiones derivadas para la atención van a tener un énfasis y unos resultados muy distintos.
El primer enfoque, centrado en los procesos psicológicos básicos (Atención, percepción, memoria, conceptualización, simbolización), como su nombre lo indica, considera que las causas de las dificultades de aprendizaje son inherentes al sujeto y que por lo tanto hay que ejercitar aquellas áreas o procesos deficitarios. El diagnóstico se basa en la aplicación de test psicométricos estandarizados. Autores relevantes de este enfoque son: a) Frostig y Horne, 1964; Getman, 1965 diagnóstico e intervención de la percepción visual; Barsch, 1967 y Kephart, percepción y conducta motora; Kirk (sf) procesos psicolingüísticos; Mycklebust (1964) Procesos psiconeurológicos. En la actualidad este enfoque ha sido muy cuestionado ya que no se ha logrado comprobar la mejora de niños con DA mediante intervenciones de este tipo.
El segundo enfoque centrado en la tarea, tiene una marcada tendencia conductista,  considera que las DA son consecuencia de una falta de experiencia y práctica del estudiante para enfrentar las actividades académicas. En consecuencia la intervención se orienta al entrenamiento del niño, de las acciones en que se divide la tarea, las cuales son presentadas en una secuencia lógica, modeladas por un adulto, para finalmente ceder el control de manera paulita al estudiante.  Esta perspectiva está basada en los aportes de reconocidos conductistas como son Watson, Thorndike, Gutierre, Bandura. (Mercer, 1997; Aguilera y Saldaña, 2003).
De 1963 a 1980, se conoce como la fase de la integración, surge precisamente con la propuesta de definición de las DA propuesta por Kirk, en un intento por consolidar un área de atención para este sector de la población escolar que debido a diversas problemáticas y manifestaciones asociadas, presentan dificultades para apropiarse de los aprendizajes escolares. Entre sus principales objetivos estaba lograr que se crearan servicios sostenidos por el Estado que permitieran a estos niños recibir la atención requerida. Posterior a la propuesta de definición de Kirk han surgido no menos de cuarenta definiciones, no obstante, ninguna ha logrado superar la dificultad de definir de manera concreta y específica qué son, en qué consisten, cuáles son las causas y cómo se manifiestan las DA (Corujo, Corredor, Guía, Estéfano, Martínez, Oramas e Indriago, 2012).
Entre las cuestiones a destacar de la definición de Kirk respecto a los niños con DA se tiene: presentan una inteligencia normal, las manifestaciones pueden ser diversas, no necesariamente existe una disfunción cerebral demostrable, sus problemáticas se circunscriben a los aprendizajes escolares, requieren atención y apoyo para aprovechar la escolaridad en igualdad de oportunidades.
La fase contemporánea va de 1980 hasta la actualidad, se le considera una etapa de soluciones emergentes en la cual se viene reflexionando acerca de lo que se ha hecho y de lo que se puede hacer. En este sentido las aportaciones de Lerner (1993) son interesantes como corolario de esta fase que se encuentra en pleno desarrollo:
•          Creciente interés en extender los programas a niños de pre-escolar, adolescentes y adultos.
•          Creación de la responsabilidad compartida del problema entre docentes regulares y especiales, y psicólogo escolar para atender al niño en el mismo ambiente educativo, bien con asesorías al docente regular o con apoyo del aula de recurso.
•          Para las D.A más severas lo ideal sería un aula integrada dentro de la misma escuela o institución educativa.
•          La incorporación de nuevas tecnologías, como el micro computador, es una alternativa prometedora para introducirla a los programas de enseñanza y a los de intervención. Está demostrado que la computadora provee al niño de mayor privacidad para aprender, sin estar expuesto a las críticas o burla de los demás. Les permite practicar más y les da un sentido de independencia y poder.
•          Entrenamiento de estrategias cognitivas de aprendizaje  y metacognitivas para ayudar al alumno en el proceso de aprendizaje; demostrándose que este tipo de entrenamiento tiene una influencia positiva sobre el rendimiento académico.
En esta etapa emergente vale destacar un enfoque holístico,  integrador, en la consideración de las DA, en la multiplicidad de factores (intrínsecos y extrínsecos) que pudieran incidir en su aparición y la variedad de manifestaciones que pudieran darse, se ha dado paso a enfoques de atención ecológicos que consideran los distintos contextos en que se desenvuelve el individuo.
Todo lo expuesto hasta ahora es un intento por responder a la pregunta inicial planteada en el título: ¿Existen o no las Dificultades de Aprendizaje? Como docente especialista en Dificultades de Aprendizaje considero que si bien no ha sido posible demostrar de manera fehaciente la existencia de una causa orgánica asociada a las DA, no podemos obviar el sinnúmero de educandos que año a año manifiestan problemáticas para acceder a los aprendizajes escolares y las consecuencias de estas, entre las más graves: la deserción y el fracaso escolar.
Aun cuando las distintas aproximaciones científicas no han logrado un consenso y mientras organizaciones gubernamentales y ministerios de educación de diferentes países como es el caso de Venezuela, pretenden eliminar esta área de atención de la modalidad de Educación Especial, no podemos negar o hacernos la vista gorda respecto a las problemáticas y dificultades que muchos niños manifiestan en el aprendizaje de la lectura, escritura y matemática, materias instrumentales necesarias para el desarrollo de aprendizajes posteriores y para garantizar la continuidad de estos niños en el sistema educativo. Por ende no deben eliminarse servicios que de un modo u otro garantizaban la verdadera “inclusión escolar” de niños con DA.
Si bien como categoría diagnóstica no ha podido ser claramente explicada, en la realidad de nuestras escuelas es inminente la presencia de un gran número de niños que presentan serias dificultades para aprender.
Mi propuesta es, que más allá de la preocupación por la definición y por la demostración de las DA como categoría diagnóstica, entendamos que existen una gran cantidad de niños que no pueden acceder a los aprendizajes escolares, sea cual sea la causa y que requieren de un acompañamiento (andamiaje, tutoría) más cercano y constante, así como de la aplicación de un conjunto de estrategias de enseñanza y de aprendizaje distintas a las requeridas por la mayoría.
La pregunta entonces cambia radicalmente: ¿existen niños que presentan dificultades o problemas a la hora de enfrentarse a las actividades académicas?, ¿qué factores pudieran estar propiciando la aparición de esas problemáticas? Como escuela, como sistema educativo, ¿qué respuestas educativas puedo ofrecer a este alumnado?
Hace tiempo que las etiquetas y las categorías han sido superadas, se trata de dar respuestas concretas a una realidad fehaciente Esta propuesta es más coherente con un enfoque de atención a la diversidad y con un enfoque que indica comprender el concepto de “diversidad funcional” como principio que guía la acción de la modalidad. Si entendemos que todos somos diversos, debemos entender entonces que en medio de esa diversidad existen muchos niños que no están aprendiendo al ritmo, ni del modo que se espera para su edad y año que cursa. Reconocer este punto y comprenderlo, necesariamente impulsaría a mantener y crear servicios y estrategias para su atención; igualmente debe impulsarse la investigación contextualizada en esta  área tan controvertida para generar conocimiento y con miras a dar respuesta a las necesidades reales detectadas en las escuelas.
Negar las Dificultades de aprendizaje es cerrar las oportunidades  de acceso a la educación que tienen estos niños y cercenar el derecho a la educación en igualdad de oportunidades “derecho humano fundamental”.



Aguilera, A. (Coord.). (2003). Introducción a las Dificultades de Aprendizaje. Madrid: McGraw Hill.
Corujo, C., Corredor, Z., Guía, S., Martínez, M., Estéfano, R., Oramas, A., Indriago, N. (2012). Conceptualización de las Dificultades de Aprendizaje: Un acuerdo necesario. En: UNA investigación (7) 7 (pp. 51-71). Disponible en:  http://biblo.una.edu.ve/ojs/index.php/UNAINV/article/view/1144
Mercer, C. (1991). Dificultades de Aprendizaje 1. Origen y Diagnóstico. Barcelona: Ceac.